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Las mujeres con discapacidad tienen menos oportunidades de empleo que los hombres con discapaciad, ¿a qué crees que se debe?

25/09/2015

Además de las dificultades para el empleo que encuentran las personas con discapacidad, y que son comunes para mujeres y para hombres, las mujeres con discapacidad hacen frente también a los condicionantes derivados de la discriminación por razón de sexo basados particularmente en la influencia de los estereotipos y el rol de género.

Los estereotipos de género son todas aquellas creencias sobre lo que son las mujeres y los hombres y que definen de una forma simplista los atributos, roles, rasgos, actividades o cualquier otro tipo de características con las que distinguimos a las mujeres y los hombres. De esta forma se generan una serie de imágenes culturales asignadas a mujeres y hombres (modelos de cómo ser mujer u hombre) que condicionan socialmente las expectativas sobre su lugar y posición.

Actualmente, en el sistema de género tanto a las mujeres como a los hombres se les sitúa en el ámbito laboral aunque no con la misma prioridad. Los estereotipos femeninos sitúan a las mujeres de forma preferente en el ámbito familiar y doméstico aunque también de forma paralela en el ámbito profesional. Este hecho es el que produce situaciones como la llamada doble jornada de las mujeres.

Por otro lado, los estereotipos masculinos sitúan preferentemente a los hombres en el mercado de trabajo lo que produce que para ellos tenga más centralidad el ámbito del empleo y la profesión.

Los estereotipos sobre la discapacidad también ejercen gran influencia social. Generalmente se considera que las personas que poseen algún tipo de disfunción física, intelectual o sensorial no son tan “válidas” o “aptas” como las demás. En el ámbito laboral, la productividad asociada a la “capacidad” es el factor de empleabilidad más valorado.

La suma de los estereotipos de género y los estereotipos sobre la discapacidad es lo que provoca que las mujeres con discapacidad se encuentren en una situación de doble discriminación.

De la mano de los estereotipos, los roles de género colocan a las mujeres en una posición alejada del mercado laboral. El rol femenino ha situado tradicionalmente a las mujeres como cuidadoras gratuitas del hogar y de la familia mientras que el rol masculino sitúa a los hombres en una posición cuya identidad se desarrolla principalmente a través del mercado de trabajo. De esta asignación tradicional de roles de género se espera de las mujeres y los hombres ciertos comportamientos y actitudes diferenciadas que deben ser cubiertas para cumplir adecuadamente con las expectativas que se vierten sobre ellos y ellas.  

En el caso de las personas con discapacidad el rol de género cobra un peso mayor: junto a la presión que ejercen los estereotipos sobre la discapacidad convive la presión por cumplir con el modelo de masculinidad y feminidad esperado: una masculinidad que se centra fundamentalmente en el ámbito del empleo y la actividad profesional y una feminidad de la que se espera que responda principalmente al modelo de la cuidadora.

Esta doble presión que ejercen los estereotipos y el rol de género es todavía mayor para las mujeres con discapacidad, en tanto que a ellas se les ha limitado históricamente su feminidad a través de la negación de su sexualidad y la maternidad. En el desarrollo de la propia identidad y la elección de las opciones vitales las mujeres con discapacidad se enfrentan, como en el empleo, a una situación de doble discriminación.

¿QUÉ ABORDA LA DOBLE DISCRIMINACIÓN O DISCRIMINACIÓN MÚLTIPLE?

La idea de doble discriminación hace referencia a la existencia simultánea de dos factores que sitúan a las personas en una posición de desigualdad frente al resto. Cuando además de dos factores existe uno tercero o incluso más (pensemos por ejemplo en el caso de las mujeres rurales con discapacidad), el concepto de doble discriminación se amplía y se habla de discriminación múltiple.

Género y discapacidad actúan como factores de identidad que, por desviarse del sujeto normativo que prima en la sociedad, pueden colocar a las mujeres con discapacidad en una situación de mayor exclusión social y vulnerabilidad que los hombres con discapacidad y que las mujeres sin discapacidad.


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